La Historia Sagrada de La Celebracion del 2 de Noviembre a Los Fieles Difuntos,
¡¡LA HISTORIA SAGRADA DEL 2 DE NOVIEMBRE, LA RAÍZ DE NUESTRA ESPERANZA!!
2 de noviembre - Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos: el día en que el Purgatorio espera tu oración
Es la fiesta de la caridad más grande. La Iglesia lo llama Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.
Si ayer 1 de noviembre celebramos a la Iglesia Triunfante, a todos los santos que ya contemplan el rostro de Dios, hoy 2 de noviembre la Iglesia se arrodilla por la Iglesia Purgante, por esas almas amadas que partieron selladas con la gracia, que ya son de Dios y ya están salvadas, pero que aún no pueden abrazarlo. Hoy todo el Purgatorio se vuelve hacia ti esperando que tu amor haga lo que ellas ya no pueden hacer por sí mismas: abrirles la puerta de la visión eterna.
Hay un alma con tu misma sangre y tu mismo apellido que hoy ya no puede valerse por sí misma. No puede rezar, no puede ir a Misa, no puede confesarse. Está indefensa, con las manos vacías, esperando que tú la recuerdes. Dios permitió que se purifique porque la ama, y te dejó a ti la llave para abrirle el Cielo. Esa alma tiene un nombre: papá, mamá, hijo, esposo. Hoy Dios te pregunta: ¿qué harás por ella?
LA HISTORIA SAGRADA DEL 2 DE NOVIEMBRE, LA RAÍZ DE NUESTRA ESPERANZA
Esta fiesta no es invento mexicano. Tiene raíz apostólica. Los Santos Padres ya lo hacían. Tertuliano en el siglo II, San Cipriano, San Juan Crisóstomo en el siglo IV decían: No dudemos en socorrer a los muertos, no en vano los Apóstoles mandaron que en la Eucaristía se hiciera memoria de ellos. San Agustín cuenta en las Confesiones que su madre Santa Mónica antes de morir solo le pidió: No se olviden de mí en el altar del Señor.
La fiesta como tal nace en el corazón monástico. En el año 998, San Odilón, abad de Cluny, el monasterio más grande de la Cristiandad, manda que todos sus monasterios celebren el 2 de noviembre una Misa solemne por todos los difuntos. Su idea fue: si el 1 celebramos a los que ya llegaron y ya gozan de Dios, el 2 ayudemos a los que aún no llegan y que sí necesitan nuestros sufragios.
Roma lo adopta en el siglo XIV y lo hace universal. Y el Papa Benedicto XV, en plena Primera Guerra Mundial, al ver millones de jóvenes morir sin sufragios, concede un privilegio único que solo existe este día: todo sacerdote puede celebrar 3 Misas el 2 de noviembre. Una por todos los difuntos, una por intención del Papa y una por sus propias intenciones.
Fundamento teológico
Toda esta fiesta se cae si no crees en esto: el Purgatorio existe. Es dogma de fe.
El Concilio de Florencia y el Concilio de Trento definen: las almas que mueren en gracia de Dios, pero con mancha de pecado venial o con pena temporal sin pagar, son purificadas después de la muerte y pueden ser ayudadas por los sufragios de los vivos.
El Catecismo de la Iglesia Católica lo dice con amor, no con rigor. En el número 1030 al 1032 dice: Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final. La Iglesia recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.
Y en el número 958 dice: Nuestra oración por ellos puede no sólo ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.
Aquí está la teología de la Comunión de los Santos. La Iglesia no son solo los que estamos vivos. La Iglesia es una sola en tres estados: Iglesia Triunfante en el Cielo que es el 1 de noviembre, que ya ve a Dios, Iglesia Purgante en el Purgatorio que es el 2 de noviembre, que sí necesita y clama por nuestra oración, e Iglesia Militante en la tierra que somos nosotros, que podemos dar esa oración. La muerte no rompe la familia. No rompe el Cuerpo de Cristo. Tu papá sigue siendo tu papá y tú le puedes ayudar porque él ya no puede ayudarse solo.
Fundamento espiritual
La espiritualidad católica, con los místicos, nos enseña que el Purgatorio no es venganza de Dios. Es misericordia.
Santa Catalina de Génova, que tuvo revelaciones del Purgatorio, y Santa Faustina Kowalska, apóstol de la Misericordia, coinciden: el dolor más grande de un alma del Purgatorio no es el fuego, es la ausencia de Dios. Están salvadas, saben que irán al Cielo, aman a Dios con un amor que nosotros no entendemos, pero no lo pueden ver aún. Es un dolor de amor puro. Y lo más triste: no se pueden ayudar a sí mismas. Son las más pobres de los pobres. Dependen totalmente de nuestra caridad.
Por eso los santos enseñan 4 sufragios que hoy cobran fuerza total.
Primero, la Santa Misa. Es la ofrenda infinita. Santa Gertrudis la Magna vio en una Misa de difuntos cómo miles de almas subían al Cielo. Una Misa vale más que todo el dinero del mundo para un alma. Es Cristo mismo ofreciéndose por ella.
Segundo, la indulgencia plenaria. Del 1 al 8 de noviembre la Iglesia te da un tesoro. Si visitas un cementerio y rezas por los difuntos, aunque sea mentalmente, ganas indulgencia plenaria aplicable a un difunto por día. Y el día 2, si visitas una iglesia y rezas Padre Nuestro y Credo por los difuntos, ganas otra. Condiciones de siempre: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por el Papa y desapego de todo pecado, incluso venial. Esto es literalmente sacar a un alma del Purgatorio y meterla al Cielo.
Tercero, el Santo Rosario, las limosnas y obras de misericordia. Santa Teresa y San Alfonso decían que cada Rosario es agua fresca para las almas que se purifican.
Cuarto, el sacrificio y la penitencia personal. Ofrecer tu dolor por ellos.
El discernimiento espiritual y la demonología
La demonología católica nos advierte de dos peligros hoy.
Primero: el demonio odia el 2 de noviembre. Los exorcistas como el Padre Gabriele Amorth enseñan que en noviembre hay liberaciones masivas de almas del Purgatorio por las Misas. El demonio no tiene derecho sobre un alma del Purgatorio porque ya está salvada, pero sí quiere que su purificación sea lo más larga posible y que nadie rece por ella. ¿Cómo lo logra? Infundiéndote olvido. Haciéndote creer que con poner mole y tequila en el altar ya cumpliste.
Segundo: el espiritismo. El 2 de noviembre no es la noche donde los muertos vagan libres. La Iglesia condena llamar a los muertos, hacer ouija, invocarlos. Las almas del Purgatorio están en el Purgatorio, bajo la jurisdicción de Dios, no vagando por el mundo. Si Dios permite una aparición, como cuenta San Gregorio Magno, es solo para pedir Misa, no para convivir. Lo que sí enseña la demonología es que el demonio se disfraza de difunto para engañar a los que intentan contactarlos. Por eso la norma es clara y de oro: a los muertos no se les invoca, se les reza. No hables con ellos, habla con Dios por ellos.
El Día de Muertos en Michoacán a la luz de la fe
Juan Pablo II habló de inculturación. La Iglesia no condena tu altar, tu flor de cempasúchil, tu visita al panteón, si el centro es Cristo.
El altar que pones en casa no es para que el muerto venga a comer. Es un memorial, un recuerdo de amor para rezar por él. La ofrenda que le aprovecha no es el pan de muerto, es la Eucaristía. La luz de la vela y el color del cempasúchil son símbolo de Cristo, Luz del mundo que guía a las almas que aún se purifican hacia casa. Ir al panteón es bueno, es obra de misericordia y es condición para ganar la indulgencia que tanto necesitan.
La celebración auténticamente católica y michoacana del 2 de noviembre es: en la mañana Misa por tus difuntos, al mediodía visita al cementerio y Rosario por ellos, en la tarde ganar la indulgencia, y en la noche en casa, contar su vida y rezar por ellos, porque ellos ya no pueden rezar por sí mismos.
Hoy no le lleves flores muertas a tu muerto. Llévale la Misa que lo hace vivir para siempre.
No le pongas un pan que mañana se pudre. Pon su nombre en el altar que da vida eterna.
No pases horas limpiando una tumba que es polvo. Limpia tu alma con una buena confesión para poder liberar a tu familia del fuego del amor que los purifica.
Hoy tú puedes ser el hijo que le abre la puerta del Cielo a su padre que tanto te espera.
Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua. Que las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.
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